La iniciativa busca brindar soporte emocional y figuras de cuidado a menores que residen en hogares alternativos, sin que ello implique una obligación de adopción.
El Ministerio de Educación, Cultura, Infancias y DGE de Mendoza destacó que actualmente más de 200 mendocinos participan del programa de padrinazgo voluntario. La propuesta busca que niños, niñas y adolescentes que se encuentran bajo cuidado institucional puedan acceder a vínculos humanos sólidos y entornos familiares seguros.
Un compromiso de tiempo y afecto
El rol de los padrinos y madrinas consiste en compartir tiempo de calidad al menos una vez por semana. Esto incluye visitas, juegos y salidas recreativas que permiten a los jóvenes experimentar realidades diferentes a la dinámica de la residencia.
Eugenia Guglieri, coordinadora del programa, explicó que el objetivo es enseñarles que existen adultos capaces de cuidar y proteger: “Lo que proponemos es que puedan llevarlos a compartir el día en familia y acompañarlos desde otro lugar. Ellos ya tienen sus actividades y escuela de verano, pero esto les brinda un espacio seguro de felicidad”.
Requisitos y proceso de admisión
Para garantizar el bienestar de los menores, el programa no es de libre acceso, sino que requiere superar un riguroso proceso de selección que incluye entrevistas psicológicas y sociales. Los requisitos fundamentales son:
- Ser mayor de edad y no tener antecedentes penales.
- No estar inscripto en el Registro de Adopción (ya que el fin no es la guarda preadoptiva).
- Contar con el consentimiento de todo el grupo familiar conviviente.
- No ser deudor alimentario ni tener limitada la responsabilidad parental.
Inscripciones abiertas
El programa es continuo y aquellos interesados en sumarse como figuras de apoyo emocional pueden iniciar el trámite de las siguientes maneras:
- Correo electrónico: Escribir a
apadrinamiento@mendoza.gov.ar. - Registro online: Completar el formulario oficial en el sitio del Gobierno de Mendoza.
Es importante remarcar que el vínculo puede perdurar incluso si el niño regresa con su familia biológica o es adoptado, transformándose en un rol afectivo externo a la nueva estructura familiar.